viernes, 8 de marzo de 2013

Sentimiento común

 Con moción de pino
hundo el subsuelo árido
calizo de la noche.
 Toco las voces cálidas
de un sentimiento enorme,
común único ser
con moción de aurora.

Ilumina mi vientre
mi columna
en las tardes templadas
y pródigas, cuando emerge
bajo la gente el calor
de un sentimiento intenso,
con emoción de ola.

Mecido en la distancia
azulada hasta el brillo
de un brote. El patio en sombra,
la cocina alicatada,
el beso que se despide
en la parada de autobús.
El sentimiento vivo
repetido tanta
veces, miles, apenas
entre emociones visto.
Como un único ser.

Y en la copa me abro
a la irrupción del gesto.

martes, 26 de febrero de 2013

Gladiador

  Me arrojaron aquí para que solo
lidiara con leones y gladiadores
que son sin duda mucho más fuertes que yo
tienen dientes en los que cabría mi brazo
espadones que bien podrían sajarme por en medio.

Me arrojaron aquí para que solo
mirase la arena polvorienta y buscara
un escondrijo lejos de la sangre
un escondrijo lejos de la sucia pelea.

Me arrojaron aquí. No siento miedo.
Me siento triste de saber que nadie
viene a verme morir sino a mirar
cómo se matan.

Me arrojaron
cubierto sólo por mi piel sensible
esta capa que tiembla solitaria en la noche.

Invisible bajo las estrellas luminosas
y los neones de la feria. Están solo

esperando que aparezca para ponerme
una coraza.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Altolaguirre

Manuel Altolaguirre, poeta de los que el canon ha dado en incluir en la Generación del 27 y designar como "menores", nos dejó esta "Confesión estética":

CONFESIÓN ESTÉTICA (1958)
La poesía, ya sea exterior o profunda, es mi principal fuente de conocimiento. Me enseña el mundo y en ella aprendo a conocerme a mí mismo. Por eso el poeta no tiene nunca nada nuevo que decir. La poesía es reveladora de lo que ya sabemos y olvidamos. Sirve para rescatar el tiempo perdido, para levantar el ánimo, para tener alma completa, y no fugaces momentos de vida. Ella nos libera de lo circunstancial, de lo transitorio. Ella nos hace unánimes, comunicativos. El verdadero poeta nunca es voluntario sino fatal. (No existen los poetas malditos.) La poesía salva no solamente al que la expresa, sino a todos cuantos la leen y recrean. Tiene más espíritu el buen lector que el buen escritor, porque el primero abarca mayores horizontes. Aún no he llegado a ser un buen lector de mi poesía. Aún no he logrado sentir todo lo que espero haber dicho.

[Transcribo literalmente de la edición "El caballo griego. Reflexiones y recuerdos (1927-1958)", publicado por Diario Público en 2010. Pequeñas y muy baratas joyas en libro nos trajo ese diario mientras existió en papel; por fortuna, sigue existiendo en la web, al menos...

Explica la contraportada de El caballo griego que los textos recopilados forman parte de un libro de memorias que Altolaguirre preparaba cuando la muerte lo sorprendió, justo después de su regreso a España tras 20 años de exilio. Yo me topo con esa confesión estética y no puedo menos que suscribirla 100% -aunque me entre buen pudor en sus dos frases finales-.]

martes, 12 de febrero de 2013

Nada

Hoy era lunes todo el día.
La fecha se marcará en los calendarios:
el lunes histórico en que dimite el Papa de la Iglesia Católica,
el portavoz de Dios entre los mortales,
el señalado por San Pedro como depositario de unas llaves inmensas.
Y aunque todos sabemos que estas llaves
hace ya tiempo perdieron su función de llaves,
era difícil que hoy, lunes todo el día, sucediera noticia más
        histórica.
No era de esperar que se acabase el hambre
o las grandes acumulaciones de capital.
Así que, bien mirado, Ratzinger eligió bien el día de su renuncia.
Si hubiera optado por mañana, todo
quizá podría
haber sido tan distinto.

El lunes de la renuncia del Papa
ha sido lunes todo el día.
Yo intentaba escribir unas líneas
que terminaran antes de medianoche
pero ahora amenazan convertirse en el canto inconcluso del lunes de
        la renuncia del Papa.
De ahí que haya cambiado el tiempo de los verbos,
para ajustarlos a la literalidad.
De ahí también que a punto he estado
de perder la vigencia
de calificar de impertinencia
la pregunta que Carles Francino le hace a Monseñor Lombardi en la
        radio el día de la renuncia del Papa
dígame cuándo ha sido la última vez que ha rezado.
Monseñor Lombardi sonríe ante esta pregunta final, qué va a hacer él,
pobre mortal.
Bien sabido es de todos que reza varias veces, todos los días,
no es interpretable que persiga el entrevistador descubrirnos aquí nada
        interesante.
Las personas normales sólo podemos pensar que persigue
insultar al entrevistado en pleno rostro y con impunidad.
La pregunta es impertinente no por maleducada
si no por no pertinente.
He apagado la radio. Simplemente.

Hoy fue el lunes todo el día
de la renuncia del Papa.
La fecha se marcará en los calendarios
y yo quise marcarlos también,
dejar mi pintada en las paredes del mundo:
un ESO A MÍ NO ME INTERESA NADA.
Pensé en hacerlo como en otros blogs.

He visto en otros blogs
que las personas normales escriben frases con mayúsculas.
Las fotografían con sus dispositivos táctiles
y colgarlas es como si otras personas normales pudiésemos tocar
táctilmente sus gritos,
paladear esos gritos helados
de menta con chocolate en la tarde de agosto...
Pero no encuentro frases chulas en mi cabeza que fotografiar.
¿Cómo se reivindica que ya no me mareen más la perdiz?
¿Cómo que dejen de mentirme mortalmente?
Lo más que me salía era eso
eso a mí no me interesa nada.
Sólo un verso, ya ven, y además malo,
que escribió un lunes histórico el Papa Ratzinger desde las ondas de la
        radio en la cocina de mi casa.
Al final me quedé repitiendo la frase para mis adentros,
Eso a mí no me interesa nada.

Mientras, el lunes de la renuncia del Papa se rezagaba al llegar la hora
de acostarse.
Lo acuné como acuno a mi hija bajo el edredón,
estira las piernas y se acovacha cubierta en la oscuridad.
Me ha pedido a última hora que le cante.
Qué mejor bien mirado que una canción de Lenine, esa que explica
        mejor todo
lo que yo podría querer decir el lunes de la renuncia del Papa.
Porque mañana es martes todo el día.
Otra vez un día completo para que sucedan cosas verdaderamente interesantes.

domingo, 10 de febrero de 2013

Crecida

Créanlo o no, pero imaginen que lo crean. Críticamente, pero imagínenlo. Imaginen que han conseguido ustedes que se mueva, y ya lo hace, y hacia aquí se dirige. Viene dando pasos largos. Parece que tiene prisa. Da incluso miedo ver cómo se acerca. Es más grande de lo que habían pensado, ¿verdad?

Cójanlo ahora de la mano, con las manos atráiganlo hacia ustedes como si se tratara de una vasija de arroz, como si tuvieran hambre. Como si hiciera varios días que no han comido. Domínenlo. Conviértanlo en una cinta que serpentea en el aire. Colores verdes y amarillos. A su paso va dejando un paisaje de primavera, flores, espigas, árboles.

Créanlo o no, pero imaginen que la crean. Críticamente, pero imagínenlo. Imaginen que han conseguido ustedes que una mujer de cabellos ondulados y vestido que muestra los hombros se mueva dentro del paisaje. Y ya lo hace. Y hacia aquí se dirige. Viene dando brincos alegres. Parece querer alcanzarnos. Da incluso miedo pero es inevitable. Cuando llegue el olor de su cuello, aprobarán la decisión tomada. Créanlo o no. Aprobarán la decisión tomada.

Deténganse en el olor de su cuello, en su temperatura. Ruborícense al meter allí su nariz, sientan sus mejillas simpatía. Noten las cosquillas que hace su cabello. Y hocen, como los jabalíes buscando bellotas en el suelo de la dehesa, la humedad de la mañana, el calor de la tarde, las sábanas nocturnas. Bajo las sábanas nocturnas, cuando descansen después de todo esto, recuerden que todo empezó imaginándolo.

Imaginando que podían todo.

Que todo se hacía cada vez más grande.

Que amaban a una mujer de cabellos ondulados y vestido que muestra los hombros. No sabrán si fue en el amor o en el vestido en donde vino este dolor rasgado que como un juguete se les ha metido a ustedes dentro del corazón. Pero imagínense también que lo sacan de dentro y consiguen ustedes que se mueva. Es sencillo. Una máquina dentada que da vueltas llevada por el agua. Hasta que el agua vuelve a su curso. Se junta con el agua que sigue su curso.

Y amistosamente pedalean en la tarde con su barca naranja bajo la que nadan peces blancos con aletas azules que a veces muestran su vientre. Y pedalean en la tarde amistosa creciendo sus vientres, plateados reflejos en el agua que crece conforme logran ustedes que se mueva.

Créanlo o no, pero imaginen que crean el agua. Críticamente, imagínenlo. Imaginen que consiguen ustedes que se mueva, que ya lo hace. Y que, como siempre, se dirige hacia aquí. Hacia ustedes. Viene dando pasos largos, alegres brincos, leves. Da miedo ver como se acerca. Es más grande cada vez.

martes, 5 de febrero de 2013

La Car cajada

- para sonrisas bonitas, para sonrisas -

Exhalo la carcajada
enfrente de una tromba de aire
se convierte en grumitos, la carcajada
y se me mete toda para adentro.

Procrea veleidosa, y silabea
la carcajada, dentro de mí.
No entiendo cómo voy a reír
la carcajada, si la puse fuera.

   Ahora parece ridículo
esto de la carcajada,
dos alas rojas a un lado
y en medio una limonada.

Al otro lado estás tú
que me das risa por verte
te guardo una carcajada, niña
tú te lo mereces.

Y me preguntas por qué
pero el por qué es una sombra
y yo no quiero contigo estar
si no me asombras.

   Exhalo una carcajada
al aire, y se vuelve loco.
¡Mírala niña cómo se ríe!
¡Mírala niña con tan poco!

martes, 29 de enero de 2013

Hidratos de carbono

Hay días en que me alimento sólo de tortilla
y otros como berenjena
turgente, como pechos de mujer
salada, carnes magras
tocino, glúteos, mariposas.

Hay días en que me rodean
los gorriones, y otros
en que no soy capaz de reír, de unirme
de abrir los portales, de escuchar el llanto
de los ausentes.

Hay días en que los dioses
me dan el primer verso
y otros en que me niegan todo
el sol, la paz, el agua, las naranjas azules de la tormenta,
incluso su silencio.

Hay días grises.
Hay muchos días grises, carecen
de reflejo alucinado,
del brillo imprescindible en las cosas que pasan.
Y pasa que soy
excesivamente vago y vaga
mente haragán para hablar de todos.
Hacerles memoria.
Darles nombre.

Pero siguiendo el hilo, bastará
con embancarse en un asiento público y mirar
con la parte trasera de los ojos para verlo,
todo no como es si no como será cuando hayan vuelto
los barcos que las chicas se ponen en los pies,
las serpientes que llevan algunos por calzado,
los gestos sorprendentes de los niños que huyen de la infancia,
el miedo que nos da la realidad,
la libertad,
la soledad,
las absurdas ceremonias que oficiamos cada día,
las cápsulas herméticas en que envolvemos nuestros sueños
o las carnes nerviosas de todas las veces que no hacemos el amor.

Y el ingenuo tesón con que seguimos despertándonos por las mañanas
para ver si nos toca comer
berenjena o mujer,
escribir un verso o ahogarnos de miedo y angustia,
temblar en un filo insostenible o llorar, reír
y gozar de emoción.

Bueno... tal vez sea todo mentira
y haya tan sólo días
inciertos
como hidratos de carbono.

martes, 22 de enero de 2013

Panteón

[Ando entretenido en un trabajo sobre César Vallejo, en este su panteón de 31 de octubre de 1937, cinco meses y medio anterior a su muerte. Probablemente agotado, enfermo, devastado por la realidad. No le hagan mucho caso. Deléitense en su intención sónica. Corran después a buscar más textos de este poeta rompedor magnífico que hacía plástico con la lengua. Dilaten sus oídos, amigos, queda poco...] 

                     PANTEÓN

    He visto ayer sonidos generales
mortuoriamente,
puntualmente alejarse,
  cuando oí desprenderse del ocaso
tristemente,
exactamente un arco, un arco iris.

    Vi el tiempo generoso del minuto,

infinitamente
  atado locamente al tiempo grande,
  pues que estaba la hora
suavemente,
  premiosamente henchida de dos horas.

    Dejóse comprender, llamar la tierra

       terrenalmente;
  negóse brutalmente así a mi historia,
  y si vi, que me escuchen, pues, en bloque,
  si toqué esta mecánica, que vean
lentamente,
  despacio, vorazmente, mis tinieblas.

    Y si vi en la lesión de la respuesta,

       claramente,
  la lesión mentalmente de la incógnita,
  si escuché, si pensé en mis ventanillas
  nasales, funerales, temporales,
       fraternalmente,
  piadosamente echadme a los filósofos.

    Mas no más inflexión precipitada

  en canto llano, y no más
  el hueso colorado, el son del alma
       tristemente
  erguida ecuestremente en mi espinazo,
  ya que, en suma, la vida es
       implacablemente,
  imparcialmente horrible, estoy seguro.

[Manejo la muy interesante edición crítica César Vallejo, Obra poética, coordinada por Américo Ferrari y editada en 1988 en la Colección Archivos ALLCA XX.]

martes, 15 de enero de 2013

Juego

                                                                  hasta que el reloj se quede
                                                                  vacío
                                                                  sin nombres.
                                                                  MERY MALAYA, Al reverso

Se cayó el zumo
Obra de Ana Mendieta
Silueta

1973-77 (México)
Por un momento todo
el líquido deshizo
su cauce en la madera.
Por él vino la torta
el coscorrón, el golpe.
La madre, que jugaba
con la máquina loca
tragaperras, lo había
avisado: verás
como lo tiras
te la vas a ganar!
(Y eso que ella ganaba
por un día).
            Así fue,
mas la niña parece
no haber sido sensible
al impacto del líquido: 
en realidad ya no
quería más...
Aquí sigue jugando
nadie sabe ya cuándo
dejará de jugar

lunes, 14 de enero de 2013

Recordar cosas (2)

Me acuerdo de Roma caliente y del tesoro tras la esquina, de la mujer que me regaló romero. Intenso, floreado, algo picante. A buen seguro era romero.

Me acuerdo de la masa de las pizzas, casi un pan. Y de Asís, casi piedra.

Me acuerdo de las ciudades de piedra, del delirio de la piedra. O tal vez del deseo. Me acuerdo de las piedras. Suelen estarse quietas.

Me acuerdo de la piedra que se movió, una vez. La golpeé por accidente y rodó anhelante hasta fracturar la guitarra de un amigo. Habíamos fumado algo. Luego fuimos a nadar. En el fondo del mar reposaban cientos de erizos. El mar era transparente.

Me acuerdo de que me besaste cuando no era transparente. Te sorprendió que rechazara el beso. Luego ya no fuiste transparente tú. Te encontré casualmente hace poco, lo recuerdo de pronto. Ahora sí te habría besado. Ahora sí te habría besado.

Me acuerdo de que anduve hacia una casa cuya habitación conocía, un dolor clavado en el pecho. No me acuerdo del dolor saliendo, hay cosas que no dejan marca. Llovía, era de noche, no supe luego cómo regresé. Los faros de los autos en la retina los recuerdo como si me rasgaran el alma, pero no recuerdo nada más.

Me acuerdo de la terraza del hotel en Tánger, de las carreras por los pasillos, de un conserje gigantesco que insistía, que nos metiéramos en las habitaciones. La luz de la ciudad era amarilla y espesa. Éramos cuatro y se nos pegó un quinto, un tipo extraño que se unió a la fiesta con la soltura de un junco. A primera hora de la mañana hubo cánticos religiosos. Me acuerdo del silencio de las estrellas.

Hay quien nos aseguraría el mundo si pudiera. La impostura anda con el culo fijado en los asientos y el abono adquirido de hace mucho, no parece dispuesta a abandonar la sala. Yo olvidé el deseo de que algo estuviera seguro mientras venía. Ahora la sala me parece abarrotada, no me interesa ser convidado de piedra en ningún evento.

Me acuerdo de que hay tantas estrellas en el cielo que ya no cabe casi ninguna más. Lo sé porque subí hasta las crestas altas. Exánime, anduve por las laderas tanto tiempo que creí que no alcanzaría las mejores vistas. Cuando llegué, quedaba poco hueco para mirar. Pero me pareció que no cabía casi ninguna más.

Si tuviéramos el mundo asegurado, sería inútil que olvidásemos nada. Al día siguiente, estaría todo allí otra vez. Recordar los modos de uso, seguramente, nos permitiría extraer el mejor partido, o todo el gozo. Es justo lo contrario de cuanto nos sucede ahora. Aprendes que la Verdad no existe y quizá por esto nada existe, eternamente. Nuestros recuerdos como fantasía. Sólo hay la certidumbre de que vendrá el azar.

Me acuerdo de que me prometí limpiar mis ojos de legañas cada mañana. Quise dejar en ellas las cosas sin sentido. Pero estoy tardando endiabladamente tanto en comprender el resto que a veces me olvido y salgo a la calle con legañas y todo. Recuerdo los días por los que he caminado así como un velo turbio, con intenso olor.

Floreado, algo picante.
Recuerdo que Roma caliente tiene tras la esquina una mujer que me regaló romero.