martes, 31 de diciembre de 2013

La colecta

Organizamos la colecta del banco.
Con el dinero, nos dio para comprar el banco y una pequeña caja.
El banco lo usábamos a discreción, cada quien a su gusto. Alguien, un día, lo llevó al parque. Enseguida supimos que era su sitio.
Pero el banco decide una mañana que se aburre. Se presenta en la consulta de la dentista, con intención de ser útil, y se queda allí. “El siguiente es un niño”, dice el auxiliar a la dentista, “no creo que le moleste”. Tras la endodoncia, el niño se queda dormido en el banco.
Al despertar, cuenta su sueño: papá le llevaba por un bosque muy oscuro y luego se montaban en una barca, en medio del lago papá se quitaba la careta y era un monstruo, que no era papá. El niño ha llorado cuando lo ha visto aparecer al fin.
¡Menudo el enfado del padre con la dentista! Que cómo permitía al banco aquel... Y la emprende a porrazos con el banco. Esto ha provocado una escisión en el grupo.
Se debate ahora si deberíamos amarrarlo al suelo, o amarrarle a papá las manos, o quitar el torno a la dentista. Hemos quedado para hablarlo, pero el ambiente contiene sensaciones herméticas y no parece probable que volvamos a organizar colectas.
Lo más gracioso es que nadie sabe ya qué demonios hacer con la pequeña caja.

4 comentarios:

  1. Gracias Íntimo, beso y feliz también para ti

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    1. Vale, acepto que no hemos sido presentados y tal vez -sólo tal vez- llamarte Ricardo conlleve mucha cercanía... Pero ¡firmo Nená! No me llames Ïntimo o me obligarás a llamarte ¡Granos!!!!!

      Nená

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    2. Ok ok, no te pongas así Nená... Me molaba lo de Íntimo, snif. Encantado, sea como sea. Cariños

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