viernes, 28 de septiembre de 2012

Mechero

Perdí el mechero en el autobús. Llevaba en mi bolsillo izquierdo casi veintiún meses. Venía de una isla cálida.
Se deslizó de mi bolsillo por llevar la pierna doblada, con el tobillo bajo el otro muslo. Estaba inquieto. El viaje de autobús terminaría pronto.
Perdí también un trozo de mi vida, el que puse debajo de mi bandera roja. Luego saqué la blanca, y era tarde. Me destrozaron los balazos rotos.
Me recompuse a ratos
breves con mi fruta animal, mi más salvaje ansia de ser yo mismo. Estoy conmigo en esto y no me fallaré nunca. Ni nadie. Puedo gritarlo sin tener un sello. Puedo gritarlo sin tener un sello.

Anteayer tuve un sello. Hubo niños que jugaron con él, les enseñé a ser ellos mismos, pasé con ellos muchos buenos ratos. Era otro tiempo.
Quedan en el aire que me rodea perlas de materia que brilla.
Cuando las toco, revolotean sorprendidas, después se arrullan sonoras en algunos poros de la piel. Es como si se sintieran a gusto en casa. Les pongo una manta leve para que puedan descansar bien. Si alguien llamara al timbre, ellas sabrían qué hacer entonces. Yo me desentiendo, ellas ya son mayores. Pero el mechero me hacía falta.
Para quemar pelusillas.
Para encender chispas mágicas.

Cuando bajé del autobús, miré sorprendido las calles llenas de comadrejas. Pululaban sin esperar mi llegada. Parecía que habían organizado el mundo y que todo estuviera controlado. Les espolvoreé el producto. Un tipo pasaba cerca.
Le pedí su mechero con la excusa de chamuscar un muslo de pollo para la comida. Él no dudó en dejármelo prestado. Y fue así que pude terminar con éxito mi trabajo. La llama prendió el polvo, se llevó por delante todos los malos sueños de aquella gente, la tinta y la nada de sus sombras.
Yo cogí el autobús siguiente. Ahora tengo los ojos cerrados. En mi bolsillo izquierdo brilla una perla más.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Los trenes

Los trenes respiran...
Los trenes caminan...
Los trenes suspiran...

Todo lo que hacen
             Los trenes
lo hacemos los seres
humanos también...
Pero lo revestimos de una
sustancia pegajosa
a la que ponemos nombres
pasión sentimiento conciencia.
Sorprenderá sin duda al ser
de otro planeta
que todavía no se nos haya derramado
esta sustancia
por algunas partes de fácil acceso,
como se derraman un café con leche
o un postre de crema
por toda la mesa al tirar del mantel
cuando te levantas airada
sin consuelo
con ira
y sin terminar la cena te vas
sin decir adiós
en un tren que Respira
                          Camina
                                  Suspira por ti.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Los autobuses

Los niños saludan
a los autobuses
con sus manos breves.
Yo no sé porqué...

si porque contienen
mucha gente y alguien
debe de merecer ese saludo
si porque son rojos
como los tomates o las flores rojas
si porque bien mirados
de frente parece que tienen ojos
grandes ojos
y una frente luminosa
como la mente de los niños
o simplemente si
porque se mueven.
Y llegan.
Y pasan.
Y ya

Yo no sé porqué, pero quisiera
como los niños
saludar a los autobuses
con mis manos breves.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Utopía canibalista

Los fuertes le mostraron
los puños al más débil
y le hicieron papilla.
Luego lo devoraron,
tan voraces
que no pudieron apreciar siquiera,
hasta que en la garganta
la barriada de nódulos
les hiciera imposible respirar,
que aquellas proteínas germinaban
su propia destrucción.

Sus cuerpos
apestados
cosecharon en la comarca
uno de los mayores fracasos gastronómicos que se recuerdan.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Insumisión

   Paseo
 cada día
un libro bajo el brazo.
Cuando lo abro, siempre
hay dos letras
que se escapan de la mano
             juntas por el aire
Las atrapo deprisa
pues temo que produzcan una revuelta
entre las letras todas
y el sentido se vea reducido a la nada.
Es tal el arte que he adquirido
en anular los saltos
de las pequeñas díscolas
que ya no se sorprenden.
Murmuran
             otra vez 
pero entre dientes
y ocupan su lugar sin dar la menor queja.
Eso sí, cierro el libro
porque el temor a su revolución me puede
y es entonces que oigo
un pequeño rumor
y pienso qué harán dentro
              para divertirse.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Pequeñito

José Ángel Valente, en Breve son, nos brindó este poema pequeñito y demoledor que ronda mi cabeza. Manejo, igual que en la entrada inicial de este blog (de 5 de mayo de 2012), una edición (Punto cero) de su obra poética completa (editorial Alianza).

    El hombre pequeñito
    saludó al muy solemne,
    sacó una servilleta
    y dibujó un gran mapa
    de su pequeña patria.
                          Puso en ella
    barquitos de papel, colores, árboles,
    unos peces azules
    nadando en la mañana
    y hasta un pájaro pinto.

    El muy solemne extrajo

    del profundo chaleco
    dos soldados de plomo.
                          El pequeñito
    recogió con cuidado
    de no perder migaja
    su patria servilleta
    y se fue como vino.

    El vencedor pestañeó perplejo

    con sus sólidos párpados de palo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cidade dos Pequeninhos

Coimbra está en Portugal.
En Coimbra está a Cidade dos Pequeninhos.
Aparece en unas fotos en el ordenador mientras estoy haciendo otras cosas.
Las fotos son de diciembre de 2006.
Su hallazgo agiliza mis dedos repentinos, que parecen de lumbre.
Desprendo tres o cuatro llamaradas que resuenan como teléfonos en la tarde extendida.
Parece que ardo cada día un poco mejor...
sabe dios qué quiere decir esto ni por qué se me viene a la cabeza.
(Pido perdón en serio a los devotos por esta falta de mayúscula.
No es pura formalidad que se lo pida, es convencimiento total en mi deber.
Dios es minúsculo como la vida no es mayúscula, por eso lo hago.
Lo siento.
Soy consciente de que puede ofender).
Les diré lo que pienso:
la vida mola como una gran pelota de chicle, de esas que sólo quedan en los bares de carretera.
La pelota explota dentro de la boca con mucho sabor a azúcar
- acribilla los dientes
- agujerea la lengua,
luego, papilas anestesiadas, se produce un lento masticar.
Así mola la vida, y para mí que no resulta nada mayúsculo.
De hecho, algunas veces puede llegar a resultar pesado.

En A Cidade dos Pequeninhos leí el poema de la foto.
Me impresionó tanto que hice clic
hizo clac la pelota de chicle en mi boca
saben ustedes cuánto me gustaría si cliquearan conmigo hoy.
Por eso reviso mis cuadernos.
Busco una casualidad divina que ofrecerles, para que tengan un masticar mayúsculo.
(Imaginen que entonces me hubiera dado a mí por escribir
algo que ahora viniese a cuenta de lo otro).
Reviso mis cuadernos, busco ese diciembre de 2006. Pero no hay nada escrito.
No escribí nada solamente
hice clic...
En 2006 yo estaba anestesiado de cosas que me parecían mayúsculas
es más que probable que me creyera un poco como Dios.
Hoy ya no me pasa.
Hoy tengo la pelota de chicle entre los dientes
y creo más en la belleza, en el lirismo, en lo minúsculo. En los pequeñitos.
Visítenlos un día si pasan por allí.

Creo yo que tendrán un buen rato en la ciudad.





lunes, 17 de septiembre de 2012

Longa noite de pedra

[clic sobre la imagen]

Sólo tus senos puros, primavera
De Celso Emilio Ferreiro, poeta gallego
(Ver también entrada de 30 de agosto de 2012)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Como una hoja

Como una hoja cae
mi amor se agarró a ti
alabeando formas en el aire.
Cuando quise saber
ya estaba en vuelo,
ignorante de si tendría firme
o manto vegetal
o estanque helado.
Pero la sensación
es luminosa:
caminar por el aire como una hoja

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Silbo

Incierto
silbo agreste
entre silvas y juncos, esperanza
de ser arroyo claro
y espadaña en el centro
de los ojos de alguien
que no ve.
Una ilusión completa.
De algún modo la muerte.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Los inconsolables

He leído en los últimos meses dos novelas de Kazuo Ishiguro, "Nunca me abandones" y esta "Los inconsolables". De la primera diría que es mediocre y que suscita más expectativas de las que satisface. Me dejó un poco frío. La segunda es un novelón en el que navegué sin pausa posible con un ardor creciente. Un galeón precioso, de madera añeja, bruñida, vibrante.
Cuando estás en él, las jarcias y todas esas cosas pululando por encima de tu cabeza, te encuentras en cubierta con personajes adocenados, y tienes que saludarles a todos porque así son las reglas. De vez en cuando estallas de repente, porque claro, no te queda tiempo para nada, pero no se nota... las reglas dicen que tu momento llegará más tarde. Lo más raro es cuando de pronto pasa alguien que no las sigue y te lleva consigo a otro mundo. Bajas por las escaleras y resulta que han cambiado la madera por marcos de hierro y los ojos de buey por grandes cristaleras que miran al parque cercano. Un parque con avenidas de arena y praderas verdes, farolas, por el que pasean ciclistas. Entonces escuchas la voz de un niño que sólo piensa verdades y que ya no sabes si eres tú. El niño pregunta por su muñeco, y te ves forzado a entrar a buscarlo, otra vez como si no fuera la primera.
Tú ya has estado aquí antes.
Probablemente lo que me arrastró más y más adentro de "Los inconsolables" es cómo perfectamente están confundidos la vigilia y el sueño, la realidad y el deseo, lo de fuera y lo de dentro. La novela es clásica de estructura, sencilla, incluso lineal, pero te la pasas entera dando vueltas sin saber adónde. No precisa truco ninguno, es sólo magia con palabras.
Y no sé, me gustaría que la leyeran, creo que les gustará.
(Aunque al final puedan marcharse sin haber resuelto nada, no cierren el paréntesis